Nos llevaron a un edificio en la entrada del paseo, y cuando entramos vemos que el lugar era grande, pero había tan solo 4 personas en recepción y no mucho más. Cuando nos acompañan hacia atrás pude ver un pasillo, muchas puertas abiertas y sin nadie adentro, con más oficinas, con paredes blancas e impolutas, a lo Severance, alumbradas por una luz fría y fuerte.
Mientras esperábamos en la oficina de Lumon nos empezamos a poner ansiosos, pensábamos "ya veo que nos llevan a la casa de un narco y nos empiezan a agarrar a tiros", pero yo le expliqué que yo sería capaz de protegerla. Cuando volvió, el oficial nos trajo un vaso de agua, y nos explicó que había recibido información de una red de trata de personas que quedaba "por acá cerca", y que nosotros teníamos que ir a hacer de testigos en el allanamiento. Cuando me contó lo que íbamos a hacer, yo le dije "mire señor oficial, ella (la apunto con el dedo) no vive acá, es de Centenario, y yo no quiero que se vaya tarde. Así que lléveme a mí, pero solucióneme esto para que ella se pueda ir a su casa, por favor". Después de que el oficial pareció entender las palabras que le decía, me dijo "bueno, mirá, voy a dar otra vuelta por el paseo, si encuentro a alguien más, dejo que se vaya" y se fue otra vez.
Al rato, el mismo policía volvió con una señora mayor, que claro, entró así con los ojos abiertos, con la mirada de un animal que se frenó en el medio de la calle y se sorprendió por ver las luces de un auto de tan cerca, y la sentó al lado. Pobre, por la forma que estaba vestida se notaba que había salido a correr, y estos habrán pensado que si había quilombo, iba a estar bien físicamente para poder correr y escapar rápido.
Yo le di mi mochila a mi ex, y le dije que vaya a mi casa a avisarle a mi madre por qué no había vuelto, y por qué no iba a volver dentro de un buen rato. Encima justo estaba sin datos, así que estaba completamente incomunicado. Cuando salimos, el sol estaba cayendo y el celeste se convirtió en celeste oscuro. Yo me despedí de ella (¿Para siempre?) y los azules me llevaron hacia una camioneta para ponerme un chaleco antibalas. Nunca me había puesto un chaleco antibalas, era como pesadito, y yo tenía pantalones cortos. Era una sensación rarísima, como algo sensorial extraño, porque arriba me sentía todo pesado y abajo me daba una brisa en las rodillas, me sentía desnudo.
"Estacionamos, y esperamos" nos dijo el oficial que iba en el asiento de adelante, y esperar hicimos, ay cómo esperamos! Tres camionetas y varios efectivos a pie habían, todos parados afuera de una casa que estaba al lado de un kiosco, parecíamos el swat team entrando a la cueva de Osama Bin Laden. Seguimos esperando, y después esperamos un poco más.
Cuando uno de los que estaban a pie dio la señal, dimos la vuelta en la esquina, y bajamos a ver cómo abrían una puerta a la fuerza. Adentro, lo primero que vi fue a 4 chicas, sentadas en sillón viendo el programa de Guido, obviamente asustadas por la intromisión.
Después de los saludos y las explicaciones, de a poco nos fueron llevando a cada uno de los tres cuartos que habían en la casa, habitaciones con ropa en el suelo, placares sin puertas, alguna que otra cucaracha. En el primero me dicen "mirá pibe, mirá esto, mirá eh" y lo que estaba viendo era medio porro y un cenicero en un ropero, en el segundo si encontraron un arma abajo de un colchón y una bolsita con polvo blanco, y al tercero entró otro testigo que habían llevado así que no pude ver había. Al final parece que no era una red de trata, pero claramente eran chicas que trabajan de forma ilegal. A todo esto ya habían pasado un par de horas, y a pesar de que el ambiente no era tan turbio como imaginaba, yo ya tenía ganas de ver a mis paredes.
Al terminar este recorrido del terror (mentira no estaba tan mal), se concentraron en una escalera que había atrás de la cocina por la que intentaron subir, pero estaba llena de basura, de muebles y cosas así, que tapaba una puerta. Intentaron como por 5 minutos mover las cosas, pero se rindieron fácilmente y dijeron "bueno, no debe haber nada interesante en ese lugar que claramente alguien se esforzó tanto en cerrar". Por suerte esto no era la mafia internacional que me hicieron creer, así que nos dijeron que ya habíamos terminado con nuestro servicio, que vayamos afuera a esperar a que terminen de hacer todos los papeles.
Mientras estaba afuera, y la noche neuquina me daba en la cara, me puse a pensar que toda la situación no era de buen augurio, que capaz no eran las vibras correctas para tomar una decisión que iba a afectar de manera grande mi vida.
"Bueno, vengan, así firman y se van" habían instalado una impresora viejísima en la cocina y con una netbook estaban intentando mandar los papeles para imprimirlos en vivo. Pero como los augurios no eran buenos, la máquina no respondía a la razón: no andaba, no funcionaba, no quería imprimir, sin importar cuanto rogáramos. "Bueno, ya llamé para que traigan otra impresora de la comisaria, van a tener que esperar un rato más". Nunca me habían herido tanto unas simples palabras.
Mientras esperaba "un rato más" las chicas nos hablaban y hacían chistes, y eran muy amables, pero yo no daba más. Sentía que me iba a enfermar, el chaleco antibalas pesaba en mis espaldas como una mochila llena de mis falencias, y mis piernas se sentían entumecidas por los pantalones cortos.
Después de casi una hora más de travesía, me tocó firmar los papeles. Yo fui el último de todos los testigos, y por lo tanto, fui el último al que llevaron a su casa. Ya era de medianoche, sentía la frente pesada mientras iba en la camioneta, y mira si no estaba enojado, que cuando llegamos a mi casa y me dijeron "gracias por todo" yo agarré mi DNI y me bajé sin decir chau.
Cuando por fin estaba en mi casa, entré a mi habitación, suspiré, deje la ropa en el suelo y me acosté. Y ya en la cama, le mandé un mensaje a mi ex, con la que estaba pensando seriamente en volver. Le puse "Ya llegué, me voy a dormir, que descanses" y no le volví a escribir nunca más en mi vida.
La última vez que la vi fue en la oficina de Severance.

no me reia asi desde la entrevista con el brujo
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